LOS 4 PERDEDORES QUE SÍ QUIERES SER

Lunes por la mañana, te levantas y empiezas tu vida tupper de 9 a 18. No sabes que has hecho mal, tus sueños están en la papelera de reciclaje esperando una oportunidad y como en Coffe & TV,  te sientes “One of many zeros”. Pero no te deprimas, el éxito y el fracaso son varas de medir imperfectas. Y si no, mira a Rajoy, Mario Conde, Paquirrín… ¿De verdad quieres ser como ellos?

Walter Mitty

Un oficinista del montón trabajando a perpetua en lo mismo desde siempre. Trabajo monótono, sueldo aburrido. Invisible para el mundo, alimenta la zona gris de su alma a base de fantasías que son motivo de mofa por el personal.

Walter, ese pringado universal con el que tantos y tantos nos sentimos identificados. ¿Pero, qué pasa? Atención, un buen día Walter baja a comprar el pan:

—Una barra normal.

—No tenemos.

—Mierda, soy normal, dame algo normal.

—Está bien, pero tendrás que aceptar este billete a Groenlandia y empezar una nueva vida.

Vale, no es exactamente así, pero el nivel de alucine es grandioso.

Poulidor

Lo reconozco, he sido un poco cabrón y he puesto a Poulidor segundo. Ahora estará escupiéndome o, quién sabe, tomando un mojito indiferente. ¿Por qué? Este hombre corrió más Tours de Francia que el de la moto (15) y en todos perdió. Pero no de cualquier manera, no, siempre por la mínima, en la línea de meta. Segundo. Segundos. La canción de Los Suaves aplica a la perfección:

“Las vueltas que da la vida, el destino se burla de tí
dónde vas bala perdida, dónde vas triste de tí”

En realidad, la cosa no tenía gracia, porque siempre perdía con don perfecto Anquetil y ni siquiera llegó a vestir el maillot amarillo. Anquetil tenía el champán, las mujeres y era la primavera, mientras que Poulidor era el otoño triste y marchito que nunca veía la luz.

Vaya fraude, dirás, quién quiere esta basura de vida. Pero, dime a quién amas tú, ¿al invencible ganador que acumula victorias o al segundón que hace todo lo que puede por cambiar su suerte? La mayoría aplaudimos la victoria pero nos sentimos identificados con el perdedor. Por eso Anquetil sale en los libros pero el pueblo ama a Poulidor.

Terminator

Perder al parchís es una cosa, pero salvar al mundo los años bisiestos y tener que volver, volver, volver…. Terminator no se ha dado cuenta aún de que es el botón de reseteo de Skynet y que sus amigos humanos le andan vacilando enviándole de un lado a otro. Ya no sabe en qué año vive y las sesiones de terapia, allí en L.A., son antológicas:

—Lo he vuelto a hacer, sniff.

—Dios, ¿qué? ¿Has engañado a tu mujer, evadido impuestos, secuestrado a Bob Esponja? Dime que sí a lo último.

—No, joder, he salvado al mundo.

—Ehh… Genial, ¿fué fácil?

—No, cada vez es más complicado. Y no servirá de nada. La próxima vez me tele-trasportarán a Guarromán y tendré que desconectar Windows para que la raza humana no se extinga.

—Gracias.

—De nada, pero no…

—No, que gracias a tíos como tú cobro 200€ la hora.

Sí, no suena muy alentador. Pero podrás chulear cuando tu mejor amigo te diga:

—Mi mujer me ha dejado por otro.

—Deberías darme las gracias, yo salvé el mundo.

—El perro también me ha dejado por otro. Voy a suicidarme.

—Mierda, NADIE se da cuenta de lo que hice por ellos.

Charles Bukowsky

Tío Charles siguió La senda del perdedor durante toda su vida y nunca la abandonó, ni siquiera cuando le llegó (tarde) el éxito. Borracho suicida, mujeriego, vago, antisocial y enfrentado al mundo, ¿qué más se puede pedir? Charles/Hank no fue sólo un escritor compulsivo adicto a las apuestas. Es el presidente de la Libre-Republica-de-Vete-a-tomar-por-culo-y-no-jodas. El hombre gracias al cual muchos amamos la derrota y entendemos que la victoria es un cliché social y un invento humano para llenar vacíos igual que llenan dinero los bolsillos.

Y sí, exageró un poco (es parte de la poesía), buscó el reconocimiento y no fue realmente tan suicida. Pero da igual, podrías vivir 10 vidas y nunca llegarás a los 80 con ese ritmo de verbena desfasada. Entre otras cosas nos dejó una película, Barfly, con este diálogo que tan bien define el nadar en la nada de sus personajes:

¿Sabes lo que yo quiero? Ir la oficina el lunes, viajar a Groenlandia y escribir una novela dedicada a la derrota. Perder el Tour por la tarde y salvar al mundo por la noche para volver a empezar de nuevo (Oh…we could start over again). Y es que, como dijo Samuel Beckett:

“Da igual, prueba otra vez

Fracasa otra vez,

Fracasa mejor.”

Feliz lunes de Coffe and TV.